viernes, 3 de noviembre de 2006

Aniversario

El jueves por la noche fuimos a cenar afuera.

Cumplíamos 4 años de casados así que nos fuimos.

Super GM se encargo de las bestias. Yo puse a dormir a Olivia a las 6.30 y Anna se quedó con GM. Nos fuimos a las 7.15 ya que teníamos reserva para las 7.30.

(está lloviendo en el país de la sequía, hmmmm que lindo! se echa de menos la lluvia)

el restaurante divino (Restaurante 98, justo frente al río), el servicio impecable, la comida deliciosa, el precio escandaloso. Pero era nuestro aniversario.

Estábamos comiendo y me puse a pensar que años atrás, ni me hubiera escandalizado el precio, ni me hubiera alucinado tanto el restaurante. Pero cuando uno se desacostumbre se des acostumbra, y el vestirnos de punta en blanco, y salir a cenar al restaurante piripipi no es una cosa que hagamos todos los días.

O todos los meses.

Hasta ahora, GM no se atrevía con las dos indígenas al mismo tiempo, así que no le pedimos nunca. Y nosotros no queremos pagar por una niñera, ni nos compensa el agobio de una salida no sabiendo si están bien, porque al final uno lo único que quiere es volver, y termina haciendo trescientos llamados telefónicos. Y sobre todo, las chicas no creo yo que se quedarían (ya sé, son unas malcriadas... que le vamos a hacer). Pero esta vez Doug se lo "sugirió" a GM y ella accedió (no ves, gaby, que vos sos la mala!).

Y decía que me puse a pensar en años atrás y pensé....

años atrás me aburría sobremanera ir a cenar afuera, a no ser que fuese con un grupo.

Me aburría y me aburría. Y me aburría. (me debía aburrir la compañía, digo yo)

Y encima, no le veía el sentido pagar un montón de dinero por masticar.

Ya sé que suena muy llano, pero pagar el precio de una compra de una semana en el super por que alguien me cocine algo que no sé realmente si me va a gustar... no sé, tiene algo que me parece que esta mal.

Se lo comenté a Doug, diciendo que antes, cuando estaba en Madrid, lo único que pensaba cuando estaba cenando fuera era que quería ir a casa. Y he tenido cantidad de ataques de bostezo, a excepción de cuando íbamos a un restaurante italiano que estaba en la Plaza de España (gnocci divinos) o a otro italiano que estaba por Barquillo que tenían la mejor pasta del planeta.

Y Doug me dijo... y ahora te veo bien agarradita a la mesa y me va a costar llevarte de nuevo a casa...

Y sí.

Me lo pasé tan bien!.

Y hablamos (sin micos alrededor), y cenamos (sin distracciones), y nos divertimos.

Hacía mucho que no estábamos así, realmente. Porque las enanas son divinas pero consumen tiempo, y requieren atención.

Ayer mismo estábamos tirados en la cama de la habitación de Anna, Anna jugaba con sus muñecos y la granja de animales y Olivia jugaba con el cordón de un zapato (pobrecita... es tan simple!) y Doug me dio un beso... y de la nada, (lo juro) apareció entre medio de los dos UN LIBRO de peter pan, y Anna diciendo... "papi, me lees el libro..." y Doug dice... Estoy ocupado dándole besitos a tu mama. Y ella dijo... no es mi mamá es la vecina, no ves que esta del otro lado del libro...

Y así fue como una cena en un restaurante me recordó como todo cambia, como las cosas que hoy son tan importantes, mañana no valen nada, y lo que consideramos normal, de repente se puede transformar en "excepcional".

La mitad de la cena nos la pasamos repartiendo 131 millones de Euros que nos pensamos ganar en la lotería de los euro millones que jugamos por Internet. La casa que compraremos en Palma de Mallorca, la tienda de antigüedades que vamos a poner, cuanto vamos a dar de los millones y a quién le vamos a dar etc etc etc. Y después de tanto proyecto, y tanta cosa, me fui a dormir y tuve el sueño más extraño, en el que aparecían pelopinchos, y buceadores, y muertos a dieta. Como dice laura, "Siempre tengo el disco lleno de cosas inservibles..."!

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