lunes, 13 de noviembre de 2006

las siete han dado... y sereno

El sábado a las 6.45 am golpeo la puerta el pintor. Estábamos despiertos, desayunando, pero... serán horas!? Terminó el trabajo a las 8. No se cayó, no rompió nada, vino de un tranquilito que no veas, y por las dudas Doug le dijo... si te caés, más vale que te quedes dentro porque no quiero ni escuchar hablar de nada roto.

Como todos los sábados últimamente, mechamos un poco de arreglo de la casa con otro poco de garage sale y otro poco de visitas a open houses. Open houses son “casas abiertas”, casas que están a la venta, y el agente inmobiliario está ahí, y uno puede ir a visitar la casa sin cita previa. Las anuncian en el periódico y son los sábados por la mañana.

En un garage sale encontramos –mi sueño de cría- una pelota de esas que uno se sienta encima y salta, agarrado de las orejas/antenas/cuernos. Es color roja, y tiene dos ojos grandes y dormilones, y Olivia, que vino con nosotros a hacer el recorrido matutino, se enamoró de ella y le habló y le cantó todo el camino. Ni hablar cuando la vio Anna.


También encontramos un soplador para el jardín. Es como una aspiradora pero a la inversa, que sopla hojas. Esta además tiene una trituradora, con lo que uno la pone en un cubo y puede hacer compost. Si la pelota era mi sueño de cría, este era el sueño de Doug en plan jardinero dominguero.

(son las 18.10, es todavía de día y las dos marranitas estas fritas en sus camas. A veces me cuesta un esfuerzo sobrehumano mantenerlas despiertas hasta las 18.30, están a los gritos que se quieren ir a dormir).

Íbamos nosotros a ver una casa con la pelota saltarina y el soplador gigante en el coche, más un juego con los teletubbies, y una manta para el cochecito, y una almohada para el asiento de Olivia, y el asiento de Anna, y una muñeca para entretenimiento de ambas, y el periódico del sábado, un biberón, pañales, toallitas humedas, cremas varias, y en el camino, habíamos comprado salchichas y una botella de agua para Olivia (que tenía hambre).
Estábamos en la puerta de la casa esperando que abrieran.
Llegó el de la inmobiliaria (Remax, hacen la publicidad con globos aerostáticos) todo trajeado en un BMW 4x4 y de repente, a mi me agarró un ataque de risa. Pero uno de esos ataques que uno no puede parar. Doug me miraba como con un deje de preocupación, tipo... perdió el norte... pero es que me vi, nos vi como en la carreta, con los plumeros y los canastos de mimbre y el burro detrás. Una mezcla de colono americano, Jesús y María en Belén buscando donde caerse muertos y unos gitanos trashumantes en plena mudanza. Cuando logré articular la explicación la respuesta fue “sólo tu madre te entendería”.

Me puse a pensar que como será el humor de las chicas. Me saldrán sajonas? Me saldrán de aquí y allá? Entenderán? Quién sabe, porque eso no se puede enseñar, eso se tiene o no se tiene.

La casa estaba bien. Tenía todo lo que nosotros queremos, a saber
- muchas habitaciones
- estudio
- abajo y arriba
- dos baños
- piscina
- incluso una casa en el árbol
- terraza
- cocina nueva
- baños nuevos
- un taller o sitio donde poder almacenar y trabajar.

Perfecta. Pero el frente de la casa es feo sin remedio, y los arreglos están hechos con un gusto pasado de vueltas. Tipo que en la casa de 1940 le pusieron el baño y la cocina de la mansión de bolibud, con columnatas y armarios forrados en caoba, baño con azulejos verde oscuro y “detalles” en dorado. Nos fuimos sabiendo que la casa estaba tachada de la lista porque habría que hacerle la cocina y el baño (sin remedio para simplificarlo) habría que pintar el armario de caoba (que me parece un pecado, pero es que era TAAAAAAAAAN enorme! Y TAAAAAAAAAAAAAAN caoba!), el frente de la casa hay que volver a hacerlo, porque era feo pero desagradable, hay que cambiar un par de aire acondicionados, y abajo hay que volar una barra, que no sé porque la gente tiene complejo de barman, y adoran tener barras con las copas etc.

Después vimos otra casa, que era un cuarto de tamaño, y que yo quería reducir a las chicas para que por favor por favor entráramos, pero no entrábamos ni empujando, tan hermosa! En esa casa Olivia me agarró las gafas y me las estrelló contra el suelo así que en este momento estoy en plan “secretaria ejecutiva” de los 90, con unas gafas horrondorosas.

volvimos a casa, yo a tientas, soñando que ya aparecerá la casa de nuestros sueños. Pintamos y pintamos, y casi terminamos. Solo falta una cosa de todas las listas que hicimos, que es retocar el jardín.

El domingo mercado y periódico, y leyendo encontré un artículo sobre un libro que sacó una escritora australiana, que va de venganzas. Y entre todas las venganzas posibles, hubo una que me pareció la más brillante, ingeniosa, delicada, intelectual y diabólica que he leído jamás.

La propuesta de esta buena mujer es sacar de todos los libros de la biblioteca del marido las últimas diez páginas. Así, dice ella, si el marido decide que quiere releer, por ejemplo, el señor de los anillos, luego de todos los tomos, se encuentra que el libro no tiene el final.

Y ya esta. No hay más. Me parece que no tengo tiempo. Para retocar los retoques, para limpiar todo, para pasar revista a la casa, para para para. Doug se ríe y me dice que no me puedo estresar por esto, que esto es una pavada y que una enfermedad es para estresarse. El no sabe que según los estudios la venta de una casa se iguala con una muerte familiar. Mismo estrés (o incluso peor). Yo no estoy estresada a esos niveles, pero me agobia pensar en que pasará. No quiero que sea un clavo. Y si es un clavo? Y si nadie la quiere? Y se les parece fea? (que les den) y y y y y... ya veremos...

Lo bueno de esta novela por entregas es que seguro seguro, me van a escuchar gritar cuando haya una oferta.

Y por cierto. No me gané NI la loto en Australia, NI la loto en España así que a todos aquellos que tenían depositadas sus esperanzas (y delirios) en mis minoyes, pues no, habrá que trabajar.

No hay comentarios: