Estamos en esa época del año que toca revisión médica y no me hace feliz.
Me gustaban, si, las de las oficinas, que salvo por el tema de pasar por la balanza, el resto era una chorrada.
Pero estas no.
Para empezar, días antes empiezo a tener todos los síntomas posibles de todas las pestes y enfermedades del mundo. Y pienso en los años que fumé, y el teléfono móvil que me acerqué al cerebelo y seguro me quemó grandes superficies, la sacarina y los colorantes, la coca cola, el desodorante, el agua mineral calentada en el coche, la carne de vaca loca, los corn flakes transgénicos y por un segundo, me convenzo a mi misma que lo de ir al médico es una idiotez, porque el diagnóstico de pestes todas ya lo tengo.
Pero voy.
Y recuerdo el día anterior la pesadilla de la naranja cerebral, que posiblemente sea solo producto de la dichosa revisión, o quizás haya sido un signo, una clave que debería descifrar, una premonición, quizás.
y las esperas. Y más cosas...
Tengo los volantes en el bolso para hacerme una prueba de diabetes, porque cuando tuve a Olivia tuve diabetes gestacional, así que tengo serias probabilidades de desarrollarla en el futuro, y me tengo que hacer chequeos regulares.
Así que odio esta época. Y sus disparates.
Detesto a los ginecólogos que me hablan cuando me están sacando muestras. Les contesto a todos lo mismo, y si un día se juntan en una convención, sabrán de quién he sido paciente:
- no me hables, por favor, si querés vamos a tomar una cerveza y te cuento lo que quieras, pero mientras estás entre mis piernas, no me des conversación.
Tuve un ginecologo muy bueno en Madrid. Tan bueno que lo tuve por dos años seguidos, cosa sorprendente, porque los ginecólogos para mi son como los peluqueros, voy una vez y no vuelvo más. Este ginecólogo me tuvo en consulta 2 o 3 días después de reyes, y me preguntó, asomando su calva entre mis piernas (es una imagen graciosa pero no la voy a describir, es demasiado gráfica):
- qué te trajeron los reyes?.
Nada puede ser mas desubicado que eso (obviamente no me trajeron una visita al gine, en eso estamos todos de acuerdo, gilipollón!).
La segunda cosa que detesto es que pruebas es sinónimo de mamografía. Y es como si te empalaran, creo. El potro de torturas se llama mamógrafo también conocido como máquina para hacer milanesas. Aplastamiento hasta limites insospechados de lo inaplastable. En fin. Que de eso tengo el miércoles que viene.
Vine a casa contenta porque me dijeron que tengo la presión sanguínea de una cría de 20 (uno se conforma con taaaaaaaaaan poco!) y me encontré con D y Anna que estaban en el jardín jugando con los perros. Por la tarde vinieron Sonia y los chicos. Fuimos a buscar a Livi a la guarde. Comieron una tarta selva negra que compramos y jugaron con triciclos y patinetas.
Estamos preparando un garage sale grande con antigüedades. Irán fotos cuando terminemos. Cada vez que termino con algo me agarra un ataque de posesión y me lo quiero quedar. Si vendiéramos todo sería maravilloso, pero no lo creo porque no vamos a poner las cosas baratillas. Pensamos mantenerlo toda la semana, a ver que pasa.
Entre las cosas que arreglamos está un roperito chiquito (low boy) que era una cagada y que lo limpiamos y tiene un trabajo en madera en el frente que es para morir.
Vi "the jane austen book club" y no merece la pena y vi una vieja, del 2001, que se llama "13 conversations about one thing" y me gustó bastante.
Y eso es todo amigos.
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