jueves, 30 de julio de 2009


Hace unos días fuimos a una juguetería a que Anna gastara los dineros que el hada (AKA ratoncito perez) le dio por la media docena de dientes que ya ha perdido.
Como se esta portando bastante bien, y hay unos lios en el cole con algunos chicos que están diciendo malas palabras etc, le dijimos que le íbamos a duplicar el dinero. Y ahí fuimos. Ella ofreció comprarle algo a Olivia, pero le dijimos que le ibamos a comprar algo equivalente a la enana.
Buscamos, y buscamos. La decisión era super difícil. Por un lado, era la primera vez que tenía dinero. Por otra parte, todos los juguetes eran una tentación, así que iba de los de 20 centavos a los de 200 dólares sin reparo. Al final, encontré yo uno que me pareció buenísimo. Reunía todas las características que yo quería y las que ella quería. No eran piezas chiquititas (que se desparraman por la casa rápidamente) y no era una muñeca con pintas de putón de feria. Se lo mostré y lo amó.
Ya de vuelta a casa, entretenidisima jugando con su muñeca nueva, me llama y me dice
"Que suerte que vos sos mi mamá y no la mamá de otra".
"Por que, Anna" - le pregunto
Y me dice...
"Porque si fueras la mamá de otra le hubieras encontrado la muñeca a tu otra nena y no a mi".

Olivia, por otra parte, recibió de su grandma una faldita rosa y cuando me la mostró, cuando volví del trabajo, me dice
Estoy segura que te gustaría que fuera tuya.
Le dije que si, que me encantaría (JA!) y me dijo... dentro de mucho mucho tiempo, cuando yo me haga grande y la falda también, lo mismo te la podes poner.
Le dije... la ropa no crece... y me dijo... la ropa no, pero esta falda si. Vas a ver...

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