jueves, 12 de octubre de 2006

Esquius mi



Hace muchos muchos años, cerca de 20, fuimos a cenar a una parrillita en el barrio de San Cristóbal (Bs. As.), justo frente a un teatro-taller alternativo. Estábamos mi ex, Claudia y Alejandro de Luis, Carina Matteo, y yo, por supuesto. Carina era la que estaba haciendo teatro con un “afamado” actor que ahora no recuerdo el nombre.

El barrio no era lo mejorcito, aunque los edificios de esa zona de Buenos Aires son muy bonitos, tipo casas o edificios bajos años ´20.

En esa época (no se como estará ahora) era un barrio que necesitaba MUCHA atención, mucha remodelación, pero tenía verdaderas joyitas.
Encontramos una parrilla justo en la esquina del teatro donde tenía la obra Carina.
La obra fue terrible. Recuerdo estar sentados los cuatro y pensar... qué le decimos? Porque ella había estado mal, y encima todo era tan raro, tan alternativo, tan tirado de los pelos que no había por donde agarrarlo. Y era su primera obra, así que fue un terrible momento de decir obviedades y nadas.

Resulta que nos sentamos en la parrillita y nos ponemos a leer el menú.
Se acerca el mozo y pedimos provoleta, creo.
Va mozo a la cocina.
Vuelve mozo de la cocina y nos dice...
I´m sorry (sic) provoleta no tenemo.

El mozo era un morochón, buen tipo, local. Quiero decir con esto que el “Im sorry” no fue que le salió porque él hablaba inglés de chico..., sino que fue más bien una demostración de dotes lingüísticos. No creo que en ese barrio y menos por aquella época hubiera mucho turismo anglosajón.

Acto seguido pedimos calamares fritos (rabas) para reemplazar la provoleta. Pedimos más cosas, cervezas y vino, y va el mozo a la cocina, y vuelve de la cocina y nos dice...
Excuse me, rabitas no tenemo...

Los cinco estábamos ya tentados de la risa. Risa boba supongo, pero cuando uno se tienta, es como medio imposible parar.

Era tirado de los pelos, en ese barrio cutre, en ese restaurante cutre, nosotros que en ese momento éramos cutres, y el mozo con su manual de etiqueta en el bolsillo...

Al rato vuelve el mozo con información sobre los segundos platos. Y nos dice... (por supuesto, al acercarse a la mesa, las tres estábamos mirando dentro de nuestros respectivos bolsos, porque no podíamos con la tentación).
esquius mi... pero matambrito tiernizado no tenemo....

Fue como abrir la caja de la carcajada.
No pudimos para.
Creo que incluso alguien medio escupió bebida, si no me equivoco.
El pobre pibe miraba medio ofendido (no era para menos!) y dijo algo así como que “no era su culpa que en la cocina no le dijeran lo que había y lo que no”, pensando que nos reíamos de lo que faltaba o quién sabe que pensaba.

Fue una de esas noches. Yo entiendo que leído no resulta demasiado gracioso, es más, puede sonar tonto, pero recuerdo esa noche como una noche tan divertida. Después de la parrilla fuimos a tomar un café a la plaza que hay entre callao y Marcelo T de Alvear, no me acuerdo el nombre. Era primavera o ya casi verano, y habia un bar francés que tenia terracita. Creo que todo lo que pudimos hacer fue cada 10 o 15 palabras mechar un “esquius mi”.

Ahora, que tengo hijas anglófonas, Anna anda con sus lecciones de buenos modales y no para de decir excuse me al inicio de casi cualquier oración.

Tanto un “Excuse me, mami, me das agua” como “excuse me, callate!”. Y todas y cada una de las veces estoy esperando que después del excuse me venga un “matambrito tiernizado no tenemo”. Cuestión de insistir con la enseñanza del castellano.

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