jueves, 8 de enero de 2009

hace unos cuantos años, no estoy muy segura si fue en el 79 o en el 80, mis padres hicieron un viaje a USA, Europa y Africa.

Era en la época que los Argentinos podían viajar holgadamente, la época del deme dos. Sin embargo, mis padres nunca fueron del estilo deme dos, sino más bien deme uno que realmente quiero.

Trajeron algunas cosas, entre las que me acuerdo, un radio cassete que en esa época eran enooooooooooooormes y tenían de todo. Era plateado, y lo tuve muchísimos años, hasta que me fui a vivir a España y no me acuerdo quien lo heredó.

A Lauri le trajeron una máquina de escribir, porque era su sueño. Trajeron carteles de los trenes en los que viajaron (yo tenía pegado en la habitación uno de madrid - port bou), unos cartelitos reproducción de unos antiguos grabados victorianos que pegué en la pared de la casa de canale pero que cuando me fui los arranque, y ahora están en unos marcos australianos del S XIX en la habitación de Olivia. Un poster precioso y enorme de un gato que también pegué en la pared de la habitación pero que no pude despegar, unas campanitas de marruecos, que la soga se desintegró en Madrid, pero todavía conservo campanitas, una campera para la lluvia que mamá todavía tiene pero que cuando me la dieron a mi no me encajó demasiado (ahora si), medias penguin y un espejo de coca cola de Picadilly Circus que está en la habitación de las chicas.

Muchas más cosas, supongo, pero ahora no me acuerdo. Y entre las cosas, había unas etiquetas para poner en los libros. Una especie de ex libris.

Usé muy pocas de esas etiquetas porque nunca quise que se gastaran. Siempre tuve las dos cajitas y las acarreé por continentes, siempre sabiendo exactamente donde estaban.

Hoy, algo así como 30 años más tarde, mientras forraba el primer libro de lectura de Anna con contact transparente, me fui a mi escritorio y saque las dos cajas. Las puse sobre la mesa del comedor, y llamé a Anna. Le dije que iba a poner una etiqueta en su libro para que supiera que es suyo, y nunca se confundiera con el de otra nena o nene.
Las miró y eligió la del gato, como yo ya suponía.
Me preguntó si las había comprado en los "shops" y le dije que no, que el abuelo y la abuela me las habían regalado a mi hacía muchos años. Entonces me mira, y me dice:

- que suerte que el abuelo y la abuela sabían que me iban a gustar a mi también, no?

le dije que si, que era una suerte.

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