lunes, 10 de noviembre de 2008

Cuando las chicas se van a dormir, y D todavía no llegó a casa, tengo un rato que estoy sola. Aunque no del todo. Siempre estamos los tres. Paco, Enzo y yo. Yo generalmente uso ese tiempo para leer o escribir, y mientras lo hago tengo a enzo enroscado bajo el escritorio y a paco detras del sillón.

Dos perros que me acompañan. Porque por más que estén dormidos, al primer ruidito ellos se despiertan alertas y me protegen, y si voy a la cocina vienen conmigo.

Entre ronquido y ronquido se me acercan y me lamen, o se enroscan un poco más cerca mío.

Yo nunca tuve perros pero la verdad es que, a pesar de todo el esfuerzo que requieren, porque son un trabajo extra, deberían estar recetados para todos los humanos.
Incluso mi descerebrado Paco, que es un tontolón es una fuente infinita de amor canino.

Y pese a que sigo pensando que esos multimillonarios que dejan toda su fortuna a su perro están un poco locos, entiendo que puedan llegar a pensar en sus compañeros perrunos como su única familia, porque mis perros son sin duda mi familia.

Familia peluda.

No hay comentarios: