PC casi arreglado.
Parece ser que solo tenía mugre. En el manual de la buena ama de casa no decía nada de limpiar la CPU con un compresor de aire para sacar telaraña así la fuente de alimentación no recalienta y todo funciona para el caraxo. Me entregaron el pc veloz como el rayo, super silencioso (antes el ventilador estaba funcionando como loco) pero detalle: Descubro hoy a la noche que perdí los drivers del cdr y la grabadora de dvd. Mañana tengo que llevarlo otra vez a la enfermería a ver que hago. Supongo que debería bajar los drivers de Internet, pero no me entero muy bien como hago para que reconozca el hardware. Anyway, con lo que les pagué a estos pelotudos para que me saquen el polvo de la cpu, ya pueden buscarme los drivers.
Vi The assassination of Jesse James by the coward RObert Ford (pitt-affleck) y me gustó muchísimo. Vi Vantage Point, con la plaza de Salamanca como telón de fondo y es mala pero nos divirtió. Y vi Control y me gustó aunque no es para todos los públicos.
Laura me mandó El mundo, de Juan José Millás. Lo recibí hoy. Y lo agarré y me puse a leer como devorando renglones.
El siempre me gustó y esto no es la excepción. Solo en las primeras paginas me quedé enredada en la historia:
En el principio fue el frío. El que ha tenido frío de pequeño, tendrá frío el resto de su vida, porque el frío de la infancia no se va nunca. Si acaso, se enquista en los penetrales del cuerpo, desde donde se expande por todo el organismo cuando le son favorables las condiciones exteriores. Calculo que debe de ser durísimo proceder de un embrión congelado.
Recuerdo el tacto de las sábanas, heladas como mortajas, al introducirme entre ellas con mi setenta por ciento de esqueleto, mi treinta o cuarenta por ciento de carne y mi cinco por ciento de pijama. Recuerdo la frialdad de las cucharas y de los tenedores hasta que se templaban al contacto con las manos. Recuerdo la insensibilidad de los pies, que parecían dos prótesis de hielo colocadas al final de las piernas. Recuerdo los sabañones, dios santo, que se ponían a picar en medio de la clase de francés o matemáticas y recuerdo que si caías en la tentación de rascártelos sentías un alivio inmediato pero en seguida respondían al estímulo multiplicando la sensación de prurito. (...) Estaba frío el suelo, el techo, el pasamanos de la escalera, estaban frías las paredes, estaba frío el colchón, estaban fríos los hierros de la cama, estaba helado el borde de la taza del retrete y el grifo del lavabo, con frecuencia estaban heladas las caricias. Aquel frío de entonces es el mismo que hoy, pese a la calefacción, asoma algunos días de invierno y hace saltar por los aires el registro de la memoria. Si se ha tenido frío de niño, se tendrá frío el resto de la vida.
Me acuerdo ir caminando al colegio, y llegar, y esperar que tocara el timbre en el patio. Las piernas moradas, zapato canadiense con medias de lana. Y estar sentada en unos caños que había a un costado, que servían para saltar y hacer ejercicios, y los usábamos para sentarnos, y cuando tocaba el timbre pegaba un saltito, del caño al suelo, y el dolor por tener los pies helados era infinito. O salir al recreo y tener serios problemas al principio al saltar al elástico. Había un calefactor sobre la puerta de entrada al aula. Cuando venía la primera maestra y lo encendía no se notaba realmente mucha diferencia hasta un par de horas después, que el sol le daba al aula y que con ayuda de la estufita, templaba la clase.
Me acuerdo de las sábanas húmedas y frías. Las camisetas musculosas de lana celestes o rosas que tejía mi abuela (con botones laterales) sobre las camisetas de algodón. Ponerme al lado del hogar para calentarme, y tener la mitad fría porque la no le daba el fuego. Y mi casa no era una casa fría, tenía suelo con hilo radiante, así que podías andar descalzo que estaba caliente, pero aún y con eso, tengo sensación de frío. Me acuerdo de mama tirando de las camisetas por debajo de las faldas para ir al colegio, enredandolas en las bombachas o en los pantalones debajo del delantal, para que no se escape nada o mejor dicho, para que no entre ni una pizca de aire. Esos mismos tirones que sacudían todo el cuerpo se repetían por la noche, debajo del pijama, antes de proceder a taparnos, y a hacernos algo que dimos en llamar "chucuchucu" que era enganchar bien las sábanas y mantas a los lados del cuerpo, como una mortajita.
1 comentario:
Sentir frío.
Mi vieja forraba mis pantalones, le ponía una especie de pantalón pijama por dentro, porque yo era muy friolento.
En la actualidad me enfrío mientras escribo. Me congelo pero sin darme cuenta. Recibo a menudo el comentario: qué frías las manos, qué heladas.
En un viaje a Villa la Angostura, una tarde me entretuve rato largo contemplando el lecho del Nahuel Huapi. Sumergido en el lago nadaba mirando ramas y piedras. Disfrutaba muchísimo del deplazamiento pausado, como en cámara lenta. Cuando volví a la costa y me eché en la playa, alguien me hizo notar que yo estaba tiritando. Pero por completo insensible, aunque podía ver mi piel lívida y puesta como de gallina.
En cambio, cuando baja mucho la temperatura por la noche me suelo despertar hecho un ovillo y tiritando... experimento sensación de auténtico frío.
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