Hace una hora, escuché a mis perros absolutamente conmocionados, ladrando como locos. Bajé y estaba Rusty de vuelta. La cuñada de Ken estaba conduciendo y se cruzó con un camión de la perrera municipal. El camión estaba aparcado así que ella también aparcó y se acercó a ver si por casualidad estaba Rusty ahí. Y por casualidad, si estaba.
Cuando mis perros lo vieron lo besaron, lo abrazaron (literal) y festejaron por un rato largo. Para distraerlos un poco le dí un hueso a cada uno, y Enzo se acercó a la verja con el hueso en la boca, se apoyó en sus patas traseras, y le pasó su hueso a Rusty (como regalo de bienvenida).
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